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Sector petrolero y valores democráticos

Por Luis Oliveros
Economista, Decano Facultad de Ciencias Económicas y Sociales Universidad Metropolitana.
Este artículo es una contribución original escrita para la comunidad electoral (Red Electoral Ciudadana). Gracias al apoyo del proyecto Scere.
Curaduría de Héctor Briceño.

La política petrolera, instaurada por Hugo Chávez (y luego seguida por Nicolás Maduro), muestra que el objetivo primordial de la élite que está en el poder ha sido controlar los ingresos petroleros del país. Para lograrlo, se llevó a cabo un conjunto de acciones para erosionar las instituciones, tanto políticas como económicas, lo que a larga derivó en una concentración importante del poder, en un colapso de la industria petrolera (y de la economía) y en un deterioro de la democracia. Tener acceso a la renta petrolera, debilitando instituciones se convirtió en una prioridad para un grupo, con claros efectos negativos para el sistema democrático del país. 

¿Fueron realmente importantes los recursos petroleros percibidos por Hugo Chávez y luego por Nicolas Maduro?, en el Gráfico #1 (Fuente: PDVSA, BCV, cálculos propios), presentamos la evolución de las exportaciones petroleras venezolanas, desde el gobierno de Rómulo Betancourt, hasta el año 2017 (Nicolás Maduro). Y para hablar el mismo idioma, trajimos todos los datos a 2017. 

Gráfico #1

En el gráfico se puede observar, como entre 1958 y 1998 (40 años), los ingresos reales generados por la industria petrolera, fueron muy parecidos a los que recibieron Chávez y Maduro entre 1998 – 2017 (menos de 20 años). Por otra parte, es pertinente recordar, que la deuda financiera de PDVSA, pasó de casi $8.000 millones a más de $36.000 millones. En definitiva, la cantidad de recursos que se manejaron, producto de la industria petrolera, hubieran servido a reconfigurar nuestra economía, crear fondos de estabilización, mejorar la infraestructura, aumentar la posición en reservas internacionales y fortalecer la democracia venezolana, tristemente su uso tomó una vía muy distinta. Tantos recursos generaron incentivos negativos, que se desembocaron en un quiebre profundo de la institucionalidad y por ende de la democracia venezolana.

Y es que la relación entre valores democráticos e industria petrolera, presenta una extensa literatura, donde el caso venezolano no ha sido la excepción. Entre los autores que destacan, está Terry Lynn Karl (1997), quien señala que los países con instituciones débiles, pueden sufrir “regresiones institucionales” al momento de tener bonanzas petroleras. Los incrementos en los ingresos petroleros, muy posiblemente tendrán efectos negativos en esos países, como ha sido el caso venezolano. Entre esos efectos, la autora destaca el clientelismo, el populismo y el estatismo, los cuales se traducen en un deterioro en el nivel democrático.  Karl comenta, que la mejora en las exportaciones, en esos países con debilidades institucionales, conlleva a una “reestructuración” en la toma de decisiones y en los esquemas de incentivos de las élites que están cerca del poder, vulnerando (y deteriorando) las instituciones (tanto políticas como económicas), favoreciendo la concentración de poder y disminuyendo la democracia. Por otra parte, Michael Ross (1999 y 2015), coincide con Karl y afirma que la riqueza producto de la explotación petrolera puede debilitar los valores democráticos de estos países, debido al secuestro del Estado por parte de grupos clientelares, buscando mayor poder (generando corrupción). También indica, que como en estos países donde la dependencia hacia el petróleo es muy grande, los gobiernos no tienen muchos incentivos para ser responsables en el manejo de los recursos y menos aún en rendir cuentas, socavando los valores democráticos. 

Karl, Ross y otros autores, afirman que en la medida que las élites tengan acceso a la riqueza petrolera de un país, en esa misma medida buscarán disminuir los niveles democráticos de ese país. Su principal objetivo será mantenerse en el poder para asegurar su acceso a la renta petrolera. Estos grupos se convierten en dependientes de las políticas públicas, por lo que buscarán extraer más recursos presionando por condiciones ventajosas (instituciones de baja calidad y alejándose de los valores democráticos). Les conviene la dependencia del Estado a los recursos petroleros, por lo que trabajarán en que no se den condiciones para la diversificación económica. La concentración de ingresos en este contexto, facilita la corrupción. Los comportamientos de estos grupos no cambiarán, aunque la situación externa sea desfavorable (por ejemplo, caigan los precios del petróleo o se reduzca la producción a exportar).  

Adicionalmente, debemos tener en cuenta, que los ingresos petroleros fueron un soporte fundamental para financiar las campañas electorales de los candidatos oficialistas (desde la presidencia, hasta gobernaciones, alcaldías, diputados a la Asamblea Nacional, etc.). En época de elecciones, la debilidad institucional venezolana ha sido campo propicio para el derroche de los recursos petroleros, con la finalidad de lograr la victoria de los candidatos del oficialismo (el mismo Jorge Giordani lo confesaría años después, cuando se le preguntó por el gasto en la campaña electoral de Hugo Chávez en 2012). La opacidad, la nula rendición de cuentas y saber que no tendrán castigos por el uso de recursos públicos en las campañas electorales, incentiva que se siga haciendo.

También fue común la utilización de la riqueza petrolera para financiar proyectos políticos (afines) en otros países, brindándoles, asistencia económica, política, social y hasta energética. PetroCaribe es un excelente ejemplo al respecto. Con estas acciones, se buscaba incidir en las elecciones de esos países, sumar aliados, apoyos regionales (para, por ejemplo, sumar votar en la Organización de Estados Americanos) y fortalecer diversas alianzas estratégicas.

Los recientes casos de corrupción denunciados por el mismo gobierno de Maduro, en el seno de la industria petrolera venezolana, son una prueba más de la imperiosa necesidad de un cambio institucional integral. La baja calidad institucional en Venezuela, ha sido el caldo de cultivo para sufrir de un deterioro en su democracia. La inexistente confianza en sus instituciones públicas, con una limitada participación ciudadana en la toma de decisiones políticas, con una baja transparencia en el manejo de los recursos y una escasa rendición de cuentas, además de un frágil Estado de derecho, los valores democráticos no pueden estar en una óptima situación. Y si la producción petrolera o los ingresos por su venta, se han reducido en niveles considerables, los incentivos para el manejo discrecional (y poco democrático) de la renta petrolera serán altos (más aún en un contexto de sanciones). 

Ideas finales

Lamentablemente, Venezuela ha perdido oportunidades importantes en utilizar su abundancia petrolera, para mejorarle la calidad de vida a sus ciudadanos. El boom petrolero de la década de este siglo, y que se extendió por más de 10 años, generó los suficientes recursos, para llevar a cabo profundas transformaciones económicas y sociales en el país, no obstante, al poco tiempo de terminarse el boom, (bajar los precios del petróleo), la economía venezolana exhibió muchísimos problemas, desencadenándose una hiperinflación y una recesión sin precedentes en la región, además del colapso de la industria petrolera (caída en la producción petrolera). El mismo boom, también evidenció, que un mal manejo de la riqueza de los recursos naturales, puede generar un deterioro democrático importante, vía una frágil institucionalidad. 

En la extensa literatura que existe sobre manejo de los recursos naturales, el consenso gira en torno a que la calidad institucional es pieza fundamental en lograr una mejor relación entre el manejo de los recursos petroleros y los valores democráticos. Si, la administración de los ingresos petroleros se hace con transparencia, con rendición de cuentas, con una gestión llevada a cabo por instituciones independientes, el manejo discrecional, la corrupción y las amenazas sobre la democracia disminuirán de manera importante. 

Las barreras institucionales que hoy existen en Venezuela, representan uno de los problemas más graves para la recuperación económica, social y política del país. Es menester trabajar para que nuestras instituciones aumenten en calidad y que las mismas moldeen una nueva estrategia energética y económica, además de una nueva realidad política. Fortalecer el tejido institucional debería ser una obsesión de la clase política y en general de la sociedad venezolana. No obstante, y a pesar de los notables beneficios que pudieran generarse con cambios institucionales radicales (mayor calidad, independencia), parece difícil que se pueda lograr en la actual coyuntura política venezolana.

Bibliografía

LYNN KARL, TERRY. The Paradox of Plenty. Oil Booms and Petro-States. University of California Press, 1997.

MCBETH, BRIAN S. La Política Petrolera Venezolana: Una perspectiva histórica 1922/2005. Universidad Metropolitana, 2006.

OLIVEROS, LUIS y JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ. ¿Qué hacer con el ingreso petrolero? en “La nueva economía venezolana, propuestas ante el colapso del socialismo rentista”, Fundación Konrad Adenauer, Editorial Alfa, N°17, 2017. 

OLIVEROS, LUIS y JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ. Transformaciones del sistema político venezolano en el siglo XXI: la política petrolera en “Desarmando el modelo: las transformaciones del político venezolano desde 1999”, Fundación Konrad Adenauer, Abediciones, 2017. 

ROSS, MICHAEL L. The Political Economy of the Resource Curse. World Politics, Vol. 51, No. 2 (Jan., 1999), pp. 297-322 (26 pages), January 1999.ROSS, MICHAEL L. What Have We Learned about the Resource Curse? Annual Review of Political Science. Vol. 18:239-259 (Volume publication date May 2015). First published online as a Review in Advance on December 18, 2014. https://doi.org/10.1146/annurev-polisci-052213-040359.

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